LA GRIPE
La gripe
es una enfermedad del aparato respiratorio producida por el virus de la
influenza. Si algo caracteriza a este microorganismo es su capacidad de
contagio. El virus pasa con mucha facilidad de una persona a otra a través de
las gotitas de saliva que se expulsan al hablar, toser o estornudar. El
contacto con manos u objetos contaminados también supone una vía de infección.
SINTOMAS
Al
comienzo la gripe cursa con dolores de cabeza, escalofríos y tos seca, síntomas
a los que le sigue la fiebre (aparece en el segundo o tercer día) que puede
subir hasta 38,5 o 39,5 ºC, dolor muscular en brazos, piernas y espalda, y un
estado de malestar general y cansancio. Con la fiebre los síntomas respiratorios se hacen visibles:
congestión nasal, enrojecimiento y malestar en la garganta.
PREVENSIÓN
Un
individuo expuesto al virus de la gripe produce anticuerpos contra él, que le
protegen contra una nueva infección por ese virus en particular. Son pocas las
medidas de prevención eficaces frente al virus de la gripe. Sin embargo,
existen algunos medios para alejarlo en cierta medida: seguir una dieta
equilibrada que incluya cereales integrales, verduras, marisco y sustancias
como el ajo, consumir hierbas como la equinácea, el saúco, astrágalo y
milenrama, aumentar la ingesta de vitamina C y extremar las medidas de higiene
para evitar contagios.
DIAGNÓSTICO
Por lo
general todos conocen los síntomas de la gripe, y dado que se produce por
epidemias, su diagnóstico suele ser correcto por la propia persona o por su entorno
cercano. Lo que le diferencia de un catarro común es su gravedad y la presencia
de fiebre muy alta. Para identificar la infección por el virus de la gripe se
puede realizar una prueba a partir de una muestra de sangre, aunque no siempre
es necesario llevar a cabo este procedimiento. El mejor modo de establecer el
diagnóstico es recuperando el virus mediante un cultivo de secreciones
respiratorias.
TRATAMIENTO
El mejor
tratamiento es "pasar la gripe", lo que significa que hoy por hoy no
tiene curación. Aún así, existen algunos fármacos antivirales (no antibióticos)
y remedios de origen natural que pueden reducir la intensidad de los episodios.
Las recomendaciones médicas resultan muy familiares: permanecer en cama y
reposar, beber mucho líquido (zumos y caldos) y recurrir a los antitérmicos,
analgésicos y antipiréticos para rebajar los síntomas, fundamentalmente desde
el momento en que comienzan los síntomas hasta 24 ó 49 horas después de que la
temperatura corporal vuelva a la normalidad. Los antibióticos no sirven para
tratar un cuadro gripal. La acción de estos fármacos sólo se dirige hacia las
bacterias, y la gripe está producida por un agente viral. Sólo en caso de que
evolucione hacia complicaciones como neumonía o bronquitis tiene sentido valerse
del tratamiento antibiótico. Pero además de los fármacos antivirales, el
paciente tiene la posibilidad de recurrir a terapias naturales para reducir la
agresividad de los síntomas.



